Al revés, Cayetano, al revés
Soledad Antelo, periodista
En franca campaña por la oposición, el periódico El Día enseña impúdicamente una portada cargada de veneno, cuyo titular y primer párrafo destacan lo siguiente:
El MAS se junta con los que llamaba abusivos y racistas
“Isaac senador” fueron los gritos que se escucharon ayer en la plaza 24 de Septiembre, que provenían desde la sala de prensa, donde sorpresivamente un grupo de ex unionistas, dirigentes de la Federación Universitaria Local (FUL) y barrabravas de Oriente y Blooming proclamaron al dirigente campesino del MAS, Isaac Ávalos, como candidato a senador por Santa Cruz, a pesar que estos mismos se mostraron siempre contrarios a las políticas del Gobierno.
Por supuesto, presentados los hechos en esa forma de noticia, producen un natural rechazo. Personalmente, en el Semanario Plumazo, de efímera pero fértil vida, he denunciado en muchas notas el racismo y la bestialidad de grupos violentos que azuzaron y actuaron dominados por el más vil de los prejuicios. No dejarán de ser señalados como racistas por el hecho de ser ahora circunstancial noticia política, pasándose al bando opuesto, al de sus víctimas.
El hecho de que varios de esos personajes aparezcan ahora dando vivas a un dirigente campesino representativo precisamente de migrantes del interior del país que fueron objeto de una violencia injustificable, tiene un sentido no sólo irónico, sino, también, profundamente simbólico.
No se trata, como pretende la noticia, de que el MAS busque a estos sujetos para devolverles protagonismo político ni liderazgo alguno dentro del proceso de cambio. Es exactamente al revés; son personas sin formación política, asociadas muchas veces en grupos con fines ilícitos que, de pronto, se sienten defraudados en sus expectativas por aquellos grupos de poder que, mediante prebendas y dinero, los reclutaron para sembrar la violencia en el país. Grupos que ahora deciden adherirse al MAS y no al revés.
Una generosa lectura podría interpretar que el arrepentimiento de los violentos y racistas, cual Constantino que adoptó como divinidad protectora al Solis Invictus o Sol Invicto para después convertirse al cristianismo, es una muestra de que el proceso de cambio, con sus valores y su mensaje, empieza a calar hondo y le resta adeptos a una derecha cavernícola.
No por ello hay que hacerse la ilusión de una reconversión desinteresada; sin duda, muchos de los dirigentes de las barras bravas y ex unionistas que forman parte de este grupo de nuevos simpatizantes del MAS, lo hacen por cálculo político, especulando con resarcirse de las prebendas no cumplidas por sus antiguos mandantes. Saldrán trasquilados. Por ello, buena parte de sus componentes terminará abandonando las filas con las que dicen ahora sentirse identificados, porque sus valores y ética son resultado de una negación de lo noble y desinteresada que debiera ser la política, en tanto praxis al servicio de lo colectivo.
No soy de aquellas que se rasgan las vestiduras por este evidente transfugio, con consideraciones moralistas y mojigatas; prefiero darle a sus actores el beneficio de la duda, de un arrepentimiento de los delincuenciales actos que promovieron los aplausos de una prensa que hoy los pone en la picota del escarnio. Más censurable es aquel otro, protagonizado por el amanuense de Branco Marinkovic, autor de los titulares que dan pie a esta nota. Sí, nos referimos a Cayetano Llobet, de quien el periodista Carlos Soria Galvarro escribiera no ha mucho, lo siguiente:
Sin embargo, hay otro tipo de tránsfugas mucho más peligrosos, son aquellos de cuello blanco. Los que elaboran sesudas argumentaciones teóricas para justificar su felonía. En sus años mozos, estudiante de la famosa universidad de Lovaina en Bélgica, [Cayetano Llobet] adhirió a las posiciones chinas que planteaban la confrontación mundial ciudad-campo, el fin de la coexistencia pacífica y la guerra popular prolongada, para promover las revoluciones por la liberación nacional y el socialismo. Recibió incluso entrenamiento militar para esos menesteres.
Ay, Cayetano, eres la confirmación lamentable de que, en la vida, las cosas baratas sólo se compran con dinero.

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